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Geometría sin color, pero con trampas

La policromía, que en el siglo XV había convertido las techumbres en firmamentos de rojo, azul y dorado, estaba ya en retirada. El Renacimiento traía otro gusto: más sobriedad, más estructura, menos ornamento.

En Villanueva esa transición se ve con claridad. La lacería está trazada con la misma precisión de siempre, los octógonos y las estrellas de ocho puntas siguen el canon mudéjar sin concesiones. Pero la madera no se pintó. Las geometrías quedan sobre el color natural de la tabla, sin la capa de cal blanca que servía de fondo para los pigmentos.

Es un techo en el que la destreza del carpintero no tiene ya el respaldo del pintor. Lo que ves es el oficio solo, sin adorno

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