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Donde dos mundos se encuentran en un techo

La experiencia de estar bajo esta armadura tiene algo de manual de historia del arte. En el almizate, los artesones hexagonales son geometría pura, contenida, clásica: el orden que Italia puso de moda en el siglo XVI y que los carpinteros españoles incorporaron sin abandonar sus herramientas ni sus técnicas.

Basta bajar la mirada hacia los faldones para que el tiempo retroceda. Allí la lacería de ocho puntas ocupa cada paño con la misma lógica que llevaba siglos organizando los techos de madera de la Península. No hay ruptura entre los dos estilos: hay diálogo. El almizate habla renacentista. Los faldones hablan mudéjar.

El techo, en conjunto, habla de un momento en que nadie había decidido todavía qué era más moderno.

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