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Un techo rescatado, un techo viajero

La carpintería de lo blanco facilitó el traslado. Las mismas características que durante siglos habían permitido montar las piezas de las cubiertas en lo alto de los muros permitían ahora su desmontaje y reubicación. Pieza a pieza, la armadura salió de un presbiterio rural y entró en un torreón medieval.

Hubo un problema: la Torre del Caracol era más ancha que el espacio original. Se añadieron piezas nuevas en el perímetro, imitando las labores originales, para completar el ajuste a los muros. También se restauraron las policromías, sacando de nuevo a la luz los dorados de los racimos de mocárabes, los blancos y bermellones de los taujeles y las cardinas góticas verdes.

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